
POR: CARLOS AZCOYTIA - GRUPO GASTRONAUTAS -
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Pese a los tímidos intentos de introducir la costumbre del uso del tenedor desde
principios del siglo XI en Europa, no se generaliza hasta ya entrados en el siglo XVIII
o principios del XIX, las razones de esta tardanza son achacables a múltiples causas,
desde las puramente religiosas hasta sociales e incluso políticas.
Europa, y por añadidura toda la civilización occidental, ingería los alimentos sólidos
utilizando una herramienta simple pero efectiva, sus dedos. No interpretemos este
acto como bárbaro como intentan mostrarnos en las películas sajonas. El Europeo
tenía sus reglas o etiquetas a la hora de sentarse a la mesa, era de educación tomar
los alimentos con las puntas de los dedos, sin llenar las manos o la cara según Ovidio.
Por otra parte los alimentos, en especial la carne, ya venía a la mesa cortados en
pequeñas porciones y hasta el cuchillo era innecesario.
Por lo menos las clases elevadas exigían pulcritud y elegancia a la hora de comer,
era imperdonable, por ejemplo, chuparse los dedos y era norma limpiarse las
manos en los aguamaniles después de cada plato o como mínimo al finalizar la
comida. Un primer código de buenas maneras para los comensales se le deben
al rey Enrique III de Francia y es digno de citar un fragmento de tratado editado
en 1.545 por Jean Sulpice y titulado Libellus moribus in mesa servandis:
Toma la carne con los tres dedos y no la lleves a la boca en grandes
pedazos. No tengas demasiado tiempo las manos en el plato.
En el siglo XVII era considerado un exquisito refinamiento la costumbre
de ciertas damas de comer con los guantes puestos, la reina Ana de Austria,
famosa por sus blancas manos, comía graciosamente con los dedos enfundados
en elegantísimos guantes.
Por último, y antes de entrar en el invento del tenedor, citaremos un pasaje
de Erasmo de Rotterdam de su tratado de Civilidad: En vez de chuparse
los dedos o de limpiárselos en la ropa después de comer, será más honesto
secarlos en el mantel o la servilleta.
El tenedor llegó a Europa procedente de Constantinopla a principios del
siglo XI de la mano Teodora, hija del emperador de Bizancio, Constantino
Ducas. Lo llevó a Venecia al contraer matrimonio con Doménico Selvo, Dux de
aquella república. Pero Teodora para sus contemporáneos era tachada,
por ésta y otras refinadas maneras orientales, como escandalosa y reprobable
y hasta San Pedro Damián amonestó desde el púlpito estas extravagancias,
llegando a llamarlo instrumentum diaboli ya que era harto difícil comer
espagueti, macarrones o tallarines con semejante instrumento.
Los 'tenedorístas' intentaron varios asaltos para penetrar en Francia éste
instrumento sin éxito, en la edad media Catalina de Bulgaria quiso hacerlo
popular en la corte pero los franceses la tomaron como cursi y licenciosa.
Más tarde fue Carlos V de Francia, que lo conoció en Venecia tras la vuelta
de un viaje de Polonia, pero ésta vez el fracaso tuvo motivos puramente sexuales,
bien era sabido las aficiones de éste rey, los mignons tan inseparables de rey
tenían fama de homosexuales como el rey, y el tenedor volvió a perder la batalla
al ser considerado como un objeto caprichoso propio de personas un tanto
equívocas.
La realidad es que el rechazo que tuvo el tenedor durante siglos más obedecía
a una inhabilidad de los comensales que a una posible falta de utilidad,
un autor dice de él: se causaban heridas con ellos, pinchándose con sus
afiladas púas los labios, las encías y la lengua, y no faltaban, sobre todo
las damas, que elegantemente y con gracia lo usaban para limpiar sus
dientes a modo de los populares mondadientes.
Ya en el siglo XVII Tomas Coyat, intrépido viajero inglés cuenta de lo
generalizado que estaba el tenedor en Italia cuando nos cuenta: Los italianos
se sirven siempre de un pequeño instrumento para comer y para tocar
la carne. La persona que en Italia toca la carne con los dedos ofende
las reglas de la buena educación y es criticada y mirada con sospecha.
Es una cosa extraña que no se pueda convencer a un italiano de
comer con los dedos, nos responderá siempre que no todo el mundo
tiene las manos limpias. Y yo he adoptado esta costumbre y la conservo
incluso en Inglaterra, pero mis amigos se burlan de mi y me llaman furcifer.
En España encontramos referencias en el siglo XIV como un instrumento
que usaban los maestros trinchadores y el marqués de Villena en un tratado
titulado Arte Cisoria de 1.423 incluye un utensilio con la siguiente descripción:
La segunda disenle tridente, porque tiene tres puntas, donde la primera
tiene dos; ésta sirve a tener la carne que se ha de cortar, o cosa que ha de
tomarse, más firme que con la primera.
El uso del tenedor se generaliza en España en el siglo XIX y en concreto fue
Barcelona la que creó la primera industria en la fabricación de estos indispensables,
en la actualidad, utensilios.