
MADRID.- EFE - eltiempo.com.ve - Hace unos días, en una charla entre amigos dedicados a esta gratificante actividad de la gastronomía, alguien comentó que para los cocineros no deja de ser un tanto humillante que, en tantos siglos de alta cocina, ninguno haya sido capaz de conseguir una salsa como la que realiza cada día la gallina.
Hablaba, claro, de la yema de huevo. Ciertamente, hay quien se la toma tal cual la produce el ave, es decir, perfectamente cruda. Pero no es lo más normal. En ese sentido, me viene a la mente que cuando yo era pequeño y atravesaba alguna convalecencia que me tenía debilucho, a veces me daban una yema cruda, pero batida con azúcar.