
El personaje que presidiría la mesa en esa cena memorable, era naturalmente el rey, Enrique III de Francia. Sabia mucho de su trayectoria, había tenido tiempo para prepararme, no solo en la biblioteca del instituto, sino también navegando en la web, hasta pude conversar sobre su vida y obra, con historiadores y escritores, El objetivo era tratar de entender a este especial gobernante y la época que le toco reinar.

Por: Jaime Ariansen Céspedes – Instituto de los Andes
A través de la magia del tiempo y el espacio, he sido invitado a una singular y muy importante reunión, la he denominado la Cena de los tres Enriques. Me estoy preparando, acicalando especialmente para estar a la altura de las circunstancias.
Debo ser meticuloso en mi apariencia, estoy frente a un inmenso espejo en una espectacular sala, contigua al dormitorio, en el castillo de los condes de Blois, situado en el valle del Loira, al sur de Paris, ahora es nada menos que la residencia del rey Enrique III de Francia....


A comienzos del pasado octubre dio la vuelta al mundo la noticia del “descubrimiento” de que los platos que aparecen sobre la mesa de La última cena pintada por Leonardo contienen fundamentalmente pescado (peces sin identificar en un plato, trozos de anguila “decorada” con rodajas de naranja en otro). A esa conclusión llegaba, tras minuciosa observación, el historiador del arte John Varriano en un artículo aparecido en Gastronómica, una revista norteamericana “de comida y cultura”. El aspecto gastronómico no es, evidentemente, el más importante de los que atañen a la que es, sin duda, la reunión más famosa celebrada alrededor de una mesa de comedor. Allí se produjo nada menos que lo que podríamos llamar el “acto fundacional” de la Iglesia cristiana con la institución de la Eucaristía como momento culminante.